viernes, 20 de abril de 2012

LIBRO DEL MES     

" CUANDO MURIERONMIS DIOSES "

Historia de una checoslovaca que vivió la Segunda Guerra Mundial y que experimentó cómo Dios hace milagros
Autor::  Maria Ana Hirschmann
Editorial:       ACES
Un día mientras buscaba en la biblioteca de Carlitos (mi papá), me topé con un libro verde, viejo, polvoriento páginas amarillas y la verdad olía a humedad.
Lo saque y leí en la portada “cuando murieron mis Dioses”, ¿Qué? Exclame, muy escandalizada, Dioses, politeísmo, me imagine a la cultura egipcia, babilónica etc. pensé que este libro podía ser un libro pagano o algo así.
Mirando con algo de minuciosidad medí cuenta que contenía las siglas de nuestra iglesia y comencé a leerlo por curiosidad de este título tan sugestivo.
Desde la primera hoja, este libro no pude déjalo, la historia de MARICHEN, me cautivó y me mostró que nuestro Dios siempre nos guarda en todo momento y en  las situaciones más difíciles.
 Mientras leia, el pobre libro viejo se fue deshaciendo, al final término parchado y sin la última hoja. Pero todavia  existe y en una sola pieza en la biblioteca de Carlitos.

SINOPSIS
MARICHEN, es una joven checa, que en su adolescencia ha sido reclutada por el partido Nazi. Su madre, que en realidad es su madrea adoptiva, la despide en la estación del tren, le ruega en los últimos momentos que no se olvide de Dios,  y ella responde que eso no sucederá. Pero en la institución para señoritas nazis ella endiosa a Hitler y su biblia se vuelve  el libro “Mi lucha” de Hitler. Alcanzando un alto cargo en la Juventud Hitleriana.
Ella conoce a un joven oficial (RUDY) que sirve  en los submarinos nazis, mediante correspondencia  se enamoran ambos, pero esto se interrumpe cuando llega el fin de la guerra, ahora los nazis son perseguidos y ella vivirá las tristes y aterradoras  experiencias en medio de esto  podrá observar los milagros de Dios en su vida, un Dios que ella  había sustituido por  Hitler, el orgullo de la raza superior entre otras cosas que eran prioridad en su vida.
MARICHEN  tendrá que salir de la Alemania comunista…. Ahora, para lograr ser libre tendrá que  ponerse en peligro….. Cap 7. “Escapar a través de la tierra de nadie”
No les cuento más para no quitarle el placer de la lectura.
 
¿Cómo logrará llegar MARICHEN a Alemania occidental?
¿Cómo encuentra MARICHEN la IASD en Alemania Occidental?
¿se encontrara nuevamente con RUDY?
Te invito a buscar este libro en la librería adventista más cercana.


LAURA LEOR

LAURA LEOR (MEXICO)

CANTANTE DEL MES
"Entrege mi vida y mis talentos a Él, con el propósito de conscientizar a las personas en los tiempos finales que estamos viviendo, es el motivo de este ministerio musical, el Espíritu Santo hará su trabajo, mientras canto. 
Quiero ser un instrumeto, aunque imperfecta soy,
en las manos del señor.
En mi época universitaria, hace poquito,  mientras esperava entre clases o cuando buscaba información en la web, siempre dedicaba un tiempo para bajar música cristiana a mí mp4. En una de esas búsquedas encontré una canción que me  gusto bastante, ya sea porque los jóvenes que nacimos en cuna adventista pasamos de alguna u otra manera por esta experiencia.
 Mientras crecemos nuestras vidas se ven influenciadas por diferentes distracciones, teorías, dogmas, adicciones, etc. Que nos alejan sin darnos cuenta de nuestro salvador.
Lo peor es cuando estando en la iglesia,  estamos aun  perdidos y esto nos lleva a un vacío espiritual,  como la moneda perdida esperamos que Jesús nos encuentre y podamos tener una experiencia verdadera de amor con Él.  Esta canción se llama “Regresar a ti”,
Bueno quien canta esta canción me dije: y comencé a investigar sobre la intérprete  y me di cuenta que era adventista, que alegría, que era mexicana, y pude descargar toda su producción, pero cuando se malogro el MP4, perdí toda esta música y  al intentar bajarla  nuevamente ya no se podía jejeje.
 Pasaron años y ahora puedo ver alguna de sus canciones en YouTube.
Esta música no la encontraran en la librería adventista ni en ningún lado en Perú, en original. Pero, si alguien sabe dónde compro el original dígamelo  porfis.
Bueno se las recomiendo  y les doy alguna información sobre ella.
BIOGRAFÍA
Tan solo tenía 5 años cuando Laura Leor ya jugaba a componer, cantar y tocar canciones en el piano y entre broma y broma la verdad se asomó.
Así paso su infancia cantando en varios grupos y coros de la ciudad de Monterrey, México, su ciudad natal, donde tuvo la oportunidad de participar en 2 producciones al lado del grupo Emad Kids a la edad de 8 años y el coro infantil del IVS cumbres a la edad de 11 años.
Hubo personas en su vida que apreciaron su talento por el canto y es gracias a ello que Laura continua en el ministerio musical, ya que existieron momentos en su vida donde ella no deseaba continuar cantando, debido a otros intereses como su gran hobbie por el fútbol y los deportes...
En diciembre del 2004 Laura llega sin pensar que se quedaría a grabar en gmediastudios, donde Dios le brinda la oportunidad de grabar su primera producción musical como solista debutando como cantautora.

Cantos como Regresar a Ti”, “Jóvenes como Tu”, proyectando temas reales con un profundo mensaje de llamado hacia la juventud, “Sin ti” y “Cristo Maravilloso es El” presentando la necesidad y esperanza que tenemos en Cristo. Así como “Las Trompetas sonarán” y “El Momento” donde se proclama y exhorta a prepararos para la segunda venida de nuestro Señor, entre otros cantos mas que encierran esta producción bajo el nombre de Regresar a Ti”, primer canto cristiano que compone en el año 2003 y que sella con broche de oro tras la produccion del videoclip del canto tema dirigido por el talentoso Ingeniero Haroldo Poiret.

Actualmente Laura combina sus estudios de Arquitectura con presentaciones en variadas locaciones así como dedicando su talento a Dios.






jueves, 5 de abril de 2012

Renovando nuestro pacto con Dios,  que Dios nos ayude a serle fiel en todo momento y que seamos con orgullo CABEZONES PARA CRISTO.

miércoles, 4 de abril de 2012


PARÁBOLA DE LA CIUDAD DISTANTE,

Morris Venden.

 Entré en el ascensor del edificio Empire State de la ciudad de Nueva York, en dirección al piso más alto del edificio para disfrutar la magnífica vista que desde allí se domina. En el piso 66, el elevador se detuvo y se abrió la puerta.  Hasta ese momento estaba solo.  Cuando la puerta se abrió en ese piso, entró alguien que yo reconocí como el hombre más rico del mundo (estaba vestido de amarillo).  Yo no se cuánto saben ustedes de este hombre, pero sus riquezas se calculan en miles de millones de dólares y cuando él entró y se paró a mi lado, el corazón me empezó a latir con fuerza.  Seguimos juntos hasta lo más alto del edificio, y como yo lo miraba con atención, él me pregunto: "¿Sabe quién soy?" Me quedé sin habla, y sólo pude decir: "Bueno, no estoy seguro".  En ese momento llegamos al piso más alto, y al abrirse la puerta, me eché a un lado para dejar salir primero al millonario.
Fuimos hacia los ventanales de ese piso para mirar hacia abajo, hacia las calles. Parecía que había una distancia como de unos 10.000 kilómetros hacia abajo, y mientras yo seguía mirando, el millonario se volvió hacia mí diciendo: "Tengo una proposición que hacerle.  Quiero regalarle un millón de dólares" ($ 400.000.000).  Bueno, si alguien puede regalar un millón de dólares es ese hombre.  El no era tan rico como J. D. Rockefeller, pero cuando murió, tenía una fortuna de unos dos billones de dólares.  De paso, ¿saben cuánto tiempo requeriría ahorrar la cantidad de dinero que tiene Rockefeller?  Si yo depositara en un banco US$1.000 ($ 400.000) todos los años, necesitaría dos millones de años para llegar a esa cantidad, ¡y eso es demasiado tiempo!
Quizás se interesen también en este detalle de información.  Uno de esos  sheiks (jefes) que viven en Arabia Saudita y que tiene negocios de petróleo, gana hasta dos billones de dólares cada 30 días!
Bueno, yo seguía allí en lo alto del edificio mirando para abajo.  Me gustó la idea de tener un millón de dólares, ya que había estado deseando comprarme un auto nuevo, quizás uno de esos Mazdas, o quizás un Toyota y mientras pensaba en el millón de dólares y me imaginaba a Susi al volante, le dije al millonario: "¡Ah, si!  ¡Me interesa!" Y él me contestó : "Sin embargo, hay dos condiciones. La primera es que tendrás que gastar ese millón de dólares en el lapso de un año".
Bueno, hubiera preferido poder gastarlo en un período de tiempo más largo, pero si esa era la condición, la aceptaría.
El añadió : "No importa en qué lo gaste, puede comprar todo lo que quiera, e ir dondequiera.  Sin trabas ni regulaciones.  Puede viajar.  Comprar embarcaciones y aviones, cualquier cosa.  PERO TIENE QUE GASTARLO TODO EN UN AÑO". Y añadió: "Al final del año (la otra condición) se encontrará conmigo aquí en este mismo lugar y tendrá que saltar desde este lugar hacia la calle allá abajo".
Empecé a pensar lo que haría con el millón de dólares. Podría irme a un lugar tan lejos que él nunca me pudiera encontrar, pero él me aseguró que no había escapatoria. Yo moriría al final del año.
No tuve que pensar mucho, me volví hacia el millonario y le dije: "Usted esta loco".  Me di vuelta, entré en el ascensor y empecé a bajar el edificio.  Cuando llegué al piso 77, el ascensor se detuvo. Yo seguía pensando en la proposición del millonario. NADIE SERIA TAN ESTÚPIDO PARA ACEPTAR SEMEJANTE PROPOSICIÓN DE VIVIR SOLO UN AÑO MÁS, CUANDO PODRÍA SEGUIR VIVIENDO FELIZ MUCHOS AÑOS MÁS CON UN SUELDO PROMEDIO.  CUALQUIERA QUE ACEPTARA ESTA PROPOSICIÓN SERÍA UN ESTÚPIDO, ¿NO ES CIERTO?
Mientras seguía bajando el ascensor, no podía pensar en nadie que en sus cabales aceptara una oferta tal.  Bueno, como dije, llegué al piso 77, la puerta se abrió, y entró un hombre vestido de blanco.  Tenia los ojos más penetrantes que yo había visto jamás.  La expresión de su rostro era muy amistosa, y al seguir bajando hasta el primer piso, este personaje empezó a contarme acerca de una fantástica ciudad.  Yo nunca había oído hablar de una ciudad semejante. Era tan grande que tenia el tamaño de toda Nueva Zelandia.  Tenía un río maravilloso, con un enorme árbol que se extendía a lo largo de todo el río, con un tronco a cada lado del mismo; tenia calles que parecían de oro. LO MAS MARAVILLOSO DE ESA CIUDAD ES QUE EN ELLA NO SE VIVÍA UNOS SETENTA AÑOS, SINO QUE SE VIVÍA PARA SIEMPRE.
Al seguir en el ascensor, llegamos al piso 66 de nuevo, se abrió la puerta y entró un hombre vestido de negro. Usaba un gran sombrero que parecía ocultar algo debajo, y sus ojos eran muy brillantes.  Se paró en la esquina del ascensor mientras seguimos bajando y escuchaba la descripción de esa hermosísima ciudad.  Precisamente antes de llegar abajo, le dije al hombre vestido de blanco: "¿A qué distancia queda esa ciudad?" Y el me dijo: "A unos 105 trillones de kilómetros".  "¿105 trillones de kilómetros?"  "Si".  Luego añadió: "¿Te gustaría ir?" Y yo le contesté : "Tengo que pensarlo".
Llegamos al fin al primer piso y el hombre parado en la esquina del ascensor se me acercó y me dijo: "Yo también puedo contarte de una fabulosa ciudad. Una ciudad fantástica, con una iluminación jamás vista.  Sólo viéndola podrás creerlo. ¡Y donde la gente se divierte verdaderamente!"  Yo le pregunté cómo se llamaba la ciudad, y él me contestó : "Las Vegas". Yo le volví a preguntar: "¡A qué distancia se encuentra?" "A cuatro horas", me contestó." ¿Te gustaría ir?" Yo le contesté que si.
Así que el tipo me acompañó al aeropuerto a tomar el avión y salimos para Las Vegas.  ¡Cómo me iba a divertir!  Pero después de una o dos semanas empecé a pensar que hay muchas cosas que son divertidas mientras duran, pero no son eternas. Ese es el problema. Cuando oigo a personas que dicen con cara larga que "no hay diversiones en este mundo", eso me hace pensar. ¡No seamos tontos de pensar que en el mundo no hay diversiones!  Las hay y en abundancia .
Pero nunca he conocido a nadie que no admita que las diversiones existen mientras duran, y luego se acaba todo. ¿No es cierto? Yo lo he descubierto, eso es todo lo que significa Las Vegas.  Por todas partes hay quienes están tratando de olvidar que las diversiones de ayer se acabaron. Tratando de olvidar que las diversiones de ayer ya no existen. Y por si acaso no hay diversiones mañana ... ¡mejor aprovechar las de hoy!.
Un día iba pasando por un local de venta de autos en Las Vegas y descubrí para mi sorpresa, que podía comprar el último modelo de auto deportivo de Toyota con un dólar de adelanto y un dólar a la semana. Así que no tardé mucho en encontrarme detrás del volante de uno de estos autos.  Anduve quemando las calles de Las Vegas por algunos días, y al paso del tiempo, todo empezó a tornarse aburrido.  Entonces decidí : "Me voy de esta ciudad; me voy a buscar un lugar mejor".  Así dejé la ciudad con todas sus luces y salí a la carretera.  Llegué a las afueras de la ciudad y un aviso me llamó la atención :  ¡Efectivamente! el letrero anunciaba la ciudad distante que me habían dicho que estaba a unos 105 trillones de kilómetros de distancia.  Me dije: "Allí es donde quiero ir. Me voy para allá aunque sea el último lugar donde quiera ir".  Apreté el acelerador y corrí por la carretera y pronto descubrí que era como viajar por una carretera de una sola vía y yo iba contra el tránsito. La mayor parte del tránsito era en dirección contraria a la mía, hacia Las Vegas.  Era una hermosa carretera, con cuatro vías sin divisiones en el centro, pero la mayor parte de los vehículos venían por mi vía y yo tenía que ir por la misma orilla. Traté de ir a la velocidad máxima cuando pasaba por el desierto, pero en esa parte del camino no podía ir por encima de los 10 kilómetros por hora.  ¡PERO A NADIE SE LE OCURRIRÍA VIAJAR 105 TRILLONES DE KILÓMETROS A ESA VELOCIDAD!

 Empecé a sentirme desanimado, y para colmo, al doblar una curva me percaté que se me acercaba un enorme camión cargado de heno. Venía por mi misma vía, el chofer me vio y deliberadamente dirigió el camión en dirección mía.  No me gusto la idea de chocar con ese enorme camión, así que me desvié hacia la cuneta al lado de la carretera, JUSTAMENTE A TIEMPO, MIENTRAS EL CAMIÓN  ME CRUZO A TODA VELOCIDAD, DEJANDO SOLAMENTE UNOS POCOS GOLPES EN MI NUEVO TOYOTA.  Me senté en el camino, preguntándome qué debía hacer.  "Tengo que llegar allá. En ese lugar de donde vengo y hacia donde todos se dirigen, NO HAY NADA!"
Así que entré de nuevo cuidadosamente en la carretera y seguí mi camino. Por varios días no pude ir a más de 10 kilómetros por hora.  Esos enormes camiones constante y deliberadamente seguían tratando de aniquilarme y me forzaban a salirme del camino.  Me di cuenta que debía haber una enorme flota de estos enormes camiones, todas empeñados en mi destrucción. Cierto día me encontraba descansando en la cuneta, después de haber sido perseguido de nuevo por uno de esos enormes transportes, cuando sentí un golpecito en la ventanilla, la abrí y ¡a que no adivinan quién era! El personaje vestido de blanco que había conocido en el edificio Empire State. El me preguntó : ¿Quieres que maneje en tu lugar? "Bueno", le contesté, "estoy seguro que me estoy haciendo un lío con todo esto".  El me aseguró : "Yo conozco esta carretera". " ¿Si?", le respondí. Le abrí, me corrí en el asiento y lo dejé en el asiento del chofer.  El cogió el volante, apretó el acelerador y salimos.
El tenía las mangas de la camisa enrolladas, y no podía dejar de mirar sus brazos musculosos, así que le pregunte: "¿Qué trabajo ha estado haciendo usted en toda su vida?" Me contestó : "He trabajado en un taller de carpintería". Con eso, sacó el carro de la orilla y lo dirigió a la pista de afuera y muy pronto estábamos viajando a 100 kilómetros por hora.  Las condiciones eran exactamente las mismas de antes, yendo contra el tráfico, pero en esta ocasión, los Cadillacs, los Mustangs, los Fords, los autobuses, y hasta los pequeños V. W. trataban de empujarnos fuera de nuestra vía.
A cien kilómetros por hora en camino a la ciudad distante. ¡Apenas podía creerlo!  Empecé a sentir valor de nuevo. Así pasaron varios días y entonces, en cierta ocasión, al doblar una curva, de nuevo venía uno de esos enormes camiones cargado. No me atraía la idea de seguir a 100 kilómetros por hora en dirección al camión, así que al acercarnos más, salté de pronto de mi asiento y cogí el volante, y cuando lo hice, mi amigo lo soltó inmediatamente.  ¡Ahora yo estaba al mando de nuevo! Antes de chocar con el camión, le di toda la vuelta al volante y caímos en la cuneta arrastrándonos, a 100 kilómetros por hora. Caerse en una cuneta a 100 kilómetros por hora no es nada envidiable.  Había piedras, polvo y suciedad por doquiera. El auto se volcó. Nos golpeamos contra el terraplén. El tapabarros quedó destrozado y mientras el polvo seguía cayendo, mi amigo me dio una palmadita en la espalda y me dijo : "¿QUIERES QUE YO SIGA MANEJANDO?" Yo le contesté: "Bueno yo no se si vas a poder manejar esta cosa con los tapabarros abollados como están, y ni siquiera se si podrán girar las ruedas". El me dijo: "Yo conozco esta carretera".  Entonces salió del auto. NO SE COMO LO HIZO, PERO EN POCOS MOMENTOS ME DI CUENTA QUE ERA UN EXCELENTE DESABOLLADOR. ¿Cómo aprendió esto en una carpintería?

 Regresamos al camino y siguió manejando a 100 kilómetros por hora, de nuevo en dirección a la distante ciudad. Yo estaba pasmado de pensar cómo él podía lograr que el auto siguiera corriendo.  Así anduvimos por varios días, de hecho, por varias semanas; ahora estábamos haciendo buen tiempo. Me sentía feliz de dejarlo manejar de nuevo... cuando, otra vez más, al dar vuelta a una curva, allí venía otro enorme camión cargadísimo. El camión se dirigía de nuevo hacia nosotros, pero esta vez me dije: "No lleves de nuevo el auto a la cuneta, deja que él siga manejando, déjalo en el asiento del chofer" .

 PARA SEGUIR DETERMINADO A DEJARLO EN EL ASIENTO DEL CHOFER, TUVE QUE EMPLEAR MUCHA DISCIPLINA Y FUERZA DE VOLUNTAD. ¿Han oído ustedes decir alguna vez "no te quedes ahí, haz algo"?  Bueno, esto era exactamente lo opuesto: "No hagas nada, QUÉDATE SENTADO DONDE ESTAS".
Descubrí que la batalla más fuerte que tenía que librar era la de mantener mis manos fuera del volante. Apretaba el puño, me comía las uñas, me inquietaba en el asiento, cerraba los ojos y los abría de nuevo.  Tenía que aguantarme de mi inclinación natural de coger el volante. En cierta ocasión mientras más nos acercábamos a uno de estos camiones, y él iba en el volante, empezó a ir más rápido hasta que íbamos a 120 Km. por hora, derecho hacia el camión. Pero justo en el instante en que parecía que íbamos a chocar, el camión se cayó a la cuneta. NO LO PODÍA CREER.  Al instante mire al chofer del camión, y, ¿a que no adivinan quién era?.  Tenía puesto un sombrero de copa alta y llevaba a su lado un tenedor de hierro (creo que sería para cargar el heno). Al seguir nuestro camino a una tremenda velocidad, yo quería gritar por la ventanilla: "¡DEBEN CONOCER A MI CHOFER! ¡USTEDES, GENTE, NO SABEN LO QUE ES MANEJAR HASTA QUE VEAN COMO LO HACE MI CHOFER!"
Yo quería gritarle esto a todo el mundo. ¡Pensar que mi chofer podía resolver esta clase de problema!
Seguimos nuestro camino hacia la ciudad distante hasta un día en que ... no se cómo explicarlo. En realidad, no tengo ninguna excusa que presentar. Pero me aburría, me cansaba, quería un cambio. Una de las cosas de las cuales me sentía más cansado era del esfuerzo constante que tenía que hacer para no ocupar el asiento del chofer. Me di cuenta que eso exigía mucha fuerza de mi voluntad PORQUE HABÍA VECES EN QUE YO QUERÍA MANEJAR. Cuando no venían más camiones grandes, yo quería manejar.  Después de todo, era mío el TOYOTA. Y entonces un día, al seguir nuestro camino, noté al lado de la carretera un parque de diversiones. Había muchísimas cosas interesantes. Tenía casas de brujas, montaña rusa, trencitos, y muchas cosas por el estilo, así que quería parar y divertirme un poco. PERO YO SABÍA QUE HABÍA UNA SOLA MANERA EN QUE PODRÍA HACERLO.  Tenía que pedirle a él el volante y entonces podría hacer lo que quería. Así que le di una palmadita en la espalda y le pregunté : "¿Puedo manejar?"  "Por supuesto que sí", me contestó. De hecho, él siempre me dejaba manejar cuando yo quería hacerlo. Nunca se opuso a eso. Yo siempre tenia el poder de elección de coger el volante CADA VEZ QUE QUISIERA.  El se quitó del asiento, y yo cogí el volante. Así pude ir más despacio hasta llegar a una velocidad moderada. Puse la señal de doblar a la izquierda y salir de la carretera hacia el parque de diversiones. Llegué a una curva hasta que el auto tropezó con algo y sin darme cuenta de lo que pasaba, lo lancé por un precipicio.
Todo se puso negro, pero cuando volví en sí, herido y golpeado, mirando hacia el cielo, noté que mi amigo estaba todavía a mi lado. De nuevo me dio una palmadita y me pregunto: "¿Quieres que yo siga manejando?" Yo le contesté : "Por cierto que estaba pensando eso mismo". Pero ¿cómo podría él llevar el auto de nuevo a la carretera?  El motor estaba destrozado. Pero pronto descubrí que no solamente mi amigo era un excelente desabollador, sino también un excelente mecánico y NO TARDO MUCHO EN PONER EL AUTO DE NUEVO EN LA CARRETERA, y yo estaba contento de que él siguiera manejando .
seguimos nuestro viaje y un día le dije: "Permíteme manejar. Estoy cansado de estar sentado" . El se quitó y yo cogí el volante. NO VENIA NINGÚN CAMIÓN,  todo estaba tranquilo. Lo único que de vez en cuando nos pasaba en dirección a Las Vegas un V.W. y uno que otro Toyota y algunos motociclistas.  Y mientras seguíamos nuestro viaje y YO LO ESTABA HACIENDO BASTANTE BIEN, al salir de una curva, ¡otro enorme camión venía! Uno más de la flota. ¿Y SABEN LO QUE ME VINO A LA MENTE? "Has visto como él lo hace, sabes exactamente como él lo ha hecho, no hay razón para que no puedas hacer precisamente lo mismo". ASÍ QUE APRETÉ EL ACELERADOR HASTA LLEGAR A LOS 120 KILÓMETROS POR HORA y dirigí el volante derechito al enorme camión. El quiso llamar mi atención pero yo no le hice caso. Si él lo había podido lograr, yo también lo lograría. YA SABEN LO QUE PASO. Hubo un tremendo choque. Yo hubiera perdido la vida si no hubiera sido porque él seguía en el auto conmigo. Así que tomé la determinación de invitarlo a que se quedara conmigo en el auto todos los días, cada día, todo el tiempo. Pero aún así, no podía vencer el deseo de seguir cogiendo el volante.
De nuevo, después del choque de frente, él arregló el auto, y de nuevo nos encontrábamos en nuestro camino, y poco a poco empecé a aprender a sentirme satisfecho de dejarlo al mando cuando venía algún camión al doblar una curva, y aprendí a quedarme donde me correspondía. Y si por alguna casualidad me encontraba alguna vez en el asiento del chofer y veía venir uno de esos enormes camiones, siempre me deslizaba a un lado y dejaba que él cogiera el volante.
Por eso siempre que venía un camión, él era el que estaba al volante. Pero yo tenía la sensación de que podía manejar los V.W. y hasta las motocicletas, pero entonces descubrí que los V.W., los autos pequeños y las motocicletas eran tan peligrosas como los grandes camiones. Y así seguía la vida.  Poco a poco seguimos yendo por la carretera hasta que llegamos a una encrucijada. La carretera de la izquierda guiaba a un puente que conducía a un hermoso parque con piscinas y los jardines más lindos que había visto en mi vida.  A la derecha conducía a un camino sucio, lleno de huecos, HUECOS ENORMES que se veían por todas partes alrededor de la montaña.
¡Se imaginan la carretera que él escogió? Pues la carretera con los huecos. Yo le dije: "¿Sabes a dónde vamos, verdad?" "Si, ya he andado por este camino". "¿Viste la otra carretera a dónde lleva?"  "Si". "¿Estás seguro que sabes a dónde vamos?"  "Si". Así que me quedé en mi asiento y nos dirigimos a ese camino y cuando estábamos ya subiendo la montaña y habiendo él tenido cuidado de no caer en uno de esos tremendos huecos, miré para atrás y pude ver algo al otro lado del hermoso jardín - enormes bocanadas de humo que salían de camiones quemados, cargados de heno.
Entonces me dije a mí mismo: "Sí, el sabe dónde va. EL SABE". Y mientras más nos acercábamos al tope de la montaña, más se iba viendo una hermosa luz, una luz gloriosa que se reflejaba del otro lado de la montaña. Y tuve la sensación de que esa brillante luz provenía de la ciudad distante.  Apenas puedo contenerme para ver lo que hay al otro lado de la montaña. ¿Y tu?